para hablar de renuncias
llega la noche a ventilarse a los pies de las ventanas.
nadie, sino quien habita en el vaso oscuro de las soledades
sabe vivir de la ráfaga de unos versos en noches como ésta,
tan copiosa de recuerdos, de resacas suaves y silencios...
la nostalgia abotonada a las teclas de un piano.
la palabra que nunca fragua pero sangra.
las torcidas latitudes que se levantan como grietas
para soñar con caminos no andados
llega la noche integrando luna y desencuentros.
nadie, sino quien vuelve de un tiempo ya transcurrido
con su linterna ya rota e impregnado del incienso del olvido
a las redes espesas de la noche, ha visto crepúsculos...
los dulces desvelos donde se cocinan los sueños.
el triste exilio de estos versos a la red de hastíos.
el agónico presagio de toda ilusión, de todo anhelo
para buscar algunas vocales sueltas
llega la noche sollozando en el idioma gris de unos recuerdos.
nadie, sino quien tiene la boca llena de tinta y sus esquirlas
de tiempo, sabe quien lleva el delantal a la mesa de la vigilia
donde se escarchan de helada quietud las madrugadas...
las manos y los muslos plasmados de oscuridad húmeda.
el viento que sustenta ante los ojos a unos pájaros nocturnos.
la desnudez frente a la madeja de luz que nunca es conquistada
2 comentarios:
bellisimo como triste, se ve lojos muy lejos.
Por suerte aparece la noche, mi eterna compañera, para mi es tal cual la lluvia, maravillosas.
Buen fin de semana amigo, que esten muy bien.
Tere.
La noche todo lo envuelve con su manto negro, a veces melancólico, a veces confundido, pero siempre intrigante.
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